Tras las nevadas en Mérida (Ven)

Cuando el clima cambia es un motivo para salir en búsqueda de aventuras y experiencias, y las estaciones marcan la diferencia en lugares que pueden llegar a ser muy distintos según la época del año. Los caminos y senderos pueden mostrar un escenario completamente opuesto al de verano cuando ya ha entrado el invierno, empezando por los colores y verdor como la dificultad al humedecer el terreno.

Fotos: Roberto Silva @skydive87, Leonard Couttenye @vzlatrails

En Venezuela, el tiempo sólo se rige por dos estaciones, invierno y verano más su ubicación geográfica permite tener escenarios completamente disfrutables todo el año, incluso durante la época húmeda. En el mes de julio y principios de agosto se refleja las lluvias torrenciales y las temperaturas más bajas, por lo que la cordillera andina se convierte en un manto blanco al rededor de sus picos y en el resto de los páramos de mayor altura.

«El páramo es una geografía montañosa que nace a partir de los tres mil metros de altura con vegetación única de este sistema. Sólo puede ser visto en cinco países de la cordillera andina, cada uno con su particularidad.»

La cordillera andina recorre todo el continente desde Chile hasta Colombia al oeste y Venezuela al este. Toda la cadena montañosa es una gala de glaciares y escenarios nevados pero al norte cada vez en menos proporción. En toda Venezuela los puntos de mayor altura están dentro del estado Mérida, donde se encuentran cinco cúspides donde reina el Pico Bolívar y los alrededores de estos colosos rocosos son un paisaje de un verdor majestuoso que en muchas hectáreas son trabajadas por la mano del hombre y donde aun reina la flor del frailejon están protegidas como Parque Nacional.

La altura es el responsable de las bajas temperaturas cuando se transita por los páramos en dirección de la Sierra Nevada y La Culata, dos enormes Parques Nacionales muy cerca uno del otro en la región andina, ambos cobijados por el manto del hielo cuando las temperaturas han bajado de los cero grado centrados durante pocos días a mediados del año.

«Si bien para estas fechas todo el continente sudamericano esta cubierto de nieve en sus montañas, Venezuela por estar al norte de la línea del Ecuador sólo cuenta con pocos días de nevadas en la zona de mayor altura.»

La aventura.

Desde la capital hasta las montañas de Mérida se deben recorrer un aproximado de 700 kilómetros en autopistas perfectamente transitables, pero en la actualidad los viajes se ven afectados por la intermitencia del suministro de combustible, como parte de la situación política que está cruzando el país. Esta irregularidad ha hecho que una parada de 5 minutos para cargar combustible se convierta en 30 minutos o hasta medio día por lo que amerita de una planificación para equiparse de gasolina o simplemente ajustarse a la situación que es cada vez más grave al alejarse de la capital y acercarse a las zonas fronterizas.

Hacia Mérida no es la excepción, uno de los estados con mayor atractivo turísticos también ha visto menguado el suministro por lo que el grupo de viajeros que se formó entre amigos para experimentar de las nevadas se debieron equipar con la mayor cantidad de combustible en contenedores y en los tanques auxiliares.

En el tramo de autopista la estrategia fue manejar en las zonas planas a una velocidad crucero de 80 km/h para evitar el consumo de combustibles que estos motores hambrientos siempre disuelven por encima del tres mil revoluciones. Bien acertada la técnica que siempre se usa en zonas de combustible costoso en este caso para rendir el que ya se tiene, sin embargo, requirió de dos paradas que no superaron los 45 minutos cada una para surtir a las tres camionetas.

Al llegar al pie de monte andino, en el estado Barinas se inicia el ascenso a la zona de esplendor con una vegetación que invita al conductor a mantener una aceleración suave para no perderse nada del paisaje.

Ya en la zona alta de las montañas merideñas se avanza sobre la troncal de mayor altura en Venezuela, carretera en perfecto estado que supera los tres mil metros de altura y comunica los principales pueblos con otros valles.

Toda la cordillera rocosa del Parque Nacional Sierra Nevada es un escenario que se cubre de blanco durante las nevadas, pero requiere de caminatas a las zonas de mayor altura que superan los 4 mil metros por lo que la zona más cómoda para acampar con los carros se encuentran hacia el Parque Nacional La Culata.

Avanzando entre las serpenteantes carreteras que hacen giros regresivos en cada curvas uno de los dos Land Cruiser presentó una falla en la carburación, lo que obligó a improvisar un campamento a 3.500 ms.n.m. para hacer la revisión del problema que presentaba la camioneta. Al amanecer aparentemente había sido resuelto, pero al seguir avanzado en dirección al lugar donde sería el lugar de pernocta, la falla continuó molestando hasta que se descubrió que el travegas estaba generando la falta de fuerza en la gasolina hacia el carburador.

Ya solucionado el inconveniente el viaje continuó sin más contratiempos hacia el sector de Piñango donde se prevé se vivirá la experiencia por lo que se estableció el punto de acampada según lo planificado, a una altura de 4.300 ms.n.m en un sector privilegiado, rodeado de lagos y con grandes filas y sin presencia humana a pesar de ser época vacacional.

La acampada estuvo dominada por el frío, pero bien abrigados se hizo posible soportar la estadía en el lugar, sin embargo, Abelardo, quien acompañó a Roberto como copiloto se vio afectado por el «Mal de Páramo» incrementándose el malestar con el pasar del tiempo.

«El Mérida es conocido como mal de páramo la falta de oxígeno debido a la altura, generando en el cuerpo decaimiento y fuertes dolores de cabeza. La actividad física incrementa el malestar debiendo tomar en cuenta la atención médica y el suministro de oxigeno.»

A pesar del malestar parte del equipo continúo en el lugar de acampada, suministrándole algunas atenciones mientras otros hicieron caminatas en los alrededores hasta entrada la tarde cuando todos se reunieron para dormir. Esta noche estuvo dominada por una continua lluvia que culminó aproximadamente a las 9 AM del día siguiente.

Al salir de las carpas la sorpresa estaba dada, lo que tanto se buscó, se encontró como regalo de la naturaleza. Todo pintado de blanco para el completo disfrute.

Los caminos, valles y picos estaban arropados por un cobijo de nieve que se formó durante la fría noche y la fuerte lluvia. Fue propicio levantar el campamento cuanto antes para encender los motores y salir en búsqueda de más escenarios, lo que tomo varias horas pero parecía que el tiempo se había detenido para todos.

Este espectáculo que sólo dura un par de semanas es un regalo para los habitantes de país tropical, donde el sol se refleja todo el año sin falta, y aun en época de invierno se hace sentir incluso minutos después de haber llovido, pero en estas latitudes, donde las montañas se sublevaron en altura determinaron que Venezuela también se vestiría de nieve durante estos días. Razón que hace mover a algunos aventureros a trasladarse hasta allí y vivir de esa experiencia. EO

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