Proyecto Los Médanos I

Recorrer tu país te permite incursionar en nuevos viajes para ir conociendo a profundidad cada región o sector de los lugares que vas tachando en el mapa. En muchas oportunidades hay caminos que quedan pendientes y al marcar el punto en el GPS puedes investigar más en el mapa y en el internet sobre esos parajes que no pudiste visitar y en muchas ocasiones descubres que el mapa te indica caminos interesantes y encuentras muy poca información, lo que puede significar que pocas personas conocen sobre este sitio. Por esta razón inicié una nueva forma de recorrer el país donde vivo.

Parte I, La Península

Texto y Foto: Daniel Meléndez F

IG @danielm4wd

Soy de Venezuela y mi nombre es Daniel Meléndez, soy comunicador social de profesión y me dedico a viajar fotografiando los mejores paisajes de donde pueda llegar, recopilar vivencias, investigar los mitos de los sitios y tomar la vía más natural para llegar a ellos me ha dado la oportunidad de tener algo que compartir, este trabajo se conoce como periodismo de aventura. Desde el 2011, cada año inicio un nuevo proyecto de viaje y llegando a conocer gran parte del país visitando cada rincón de los sitios propuestos. Luego de haber culminado “Los Páramos” un viaje a través de la cordillera andina visitando los paisajes fríos y de alturas superiores a tres mil metros de altura, inicie una nueva meta a la que llamé “Los Médanos”.

La región norte occidental de Venezuela está compuesta por una geografía exuberante que predominan los terrenos desérticos y semi desérticos con una vegetación típica solo de esta zona. Sobreviven plantas muy duras como el cactus y el cují, además, los animales más comunes son los Burros y Chivos. Las personas que habitan en los pueblos y caseríos más lejanos son de admiración ya que los ríos solo se ven en las épocas de invierno. El verano en estas latitudes es muy duro.   A lo largo y ancho de esta costa el paisaje se ve invadido por enormes montículos de arena que son conocidos en el mundo entero como Dunas, pero en nuestro país lo llamamos Médanos.

La explicación que justifica estos arenales es que el fuerte viento que proviene del este levanta la arena de las playas y se van acumulando en los arboles de cují hasta formar una montaña de arena que cubre hasta kilómetros. Toda esta naturaleza me ha llamado fuertemente la atención iniciando un recorrido en que tengo planeado visitar cada camino y sendero para conocer profundamente esta región del estado Falcón y Zulia.

El viaje inició muy temprano en la madrugada, llegando al primer sitio a visitar a las siete de la mañana. Taima Taima es un área junto al mar que forma parte de la historia del mundo. En este lugar un investigador de origen holandés hizo el hallazgo de un fósil prehistórico de un mastodonte, descubriendo además importante piezas de caza por parte de los primeros habitantes de estas tierras. Acá predominan muy pocas viviendas de personas que viven de las actividades del campo siendo más los espacios naturales y un museo donde hace años se protegió toda esta galería natural de la prehistoria quedando hoy al descubierto debido al abandono por parte de los organismos públicos.

De esta forma iniciaba nuestro viaje, abriendo una puerta en el tiempo para conocer más que la misma naturaleza. Luego de un par de horas retomamos la Troncal 3 como carretera principal para conectar nuestros caminos por donde llegamos a la ciudad de Coro, para conocer la fachada colonial de uno de los lugares que cuentan todo los hechos que formaron parte de la colonización Venezolana. En esta ciudad es impresionante lo conservado que se encuentra las fachadas de las edificaciones, por esta razón ha recibido la distinción por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad.

En estas calles solo duramos poco tiempo pero lo suficiente para conseguir algunas fotos ya que nuestro interés estaba en pasar la mayor cantidad de días en Paraguaná recorriendo la mayor parte de sus 3.405 metros cuadrados de la península entre una red de caminos polvorientos.

Ingresar a la península es toda una experiencia ya que está separada de la zona continental siendo comunicado por un istmo que al verlo en el mapa parece un cuello de Jirafa y la entrada es todo un premio para quien lo visita. Las calles asfaltadas se ven interrumpidas por el constante movimiento de las grandes dunas de arenas que forman parte del Parque Nacional Los Médanos de Coro. Por formar parte del parque Nacional, el sector está protegido y constantemente vigilado por la Guardia Nacional y los funcionarios guarda parques de INPARQUES (instituto que resguarda todos los Parques Nacionales del país) las norman prohíben el ingreso con vehículos a la arena, pero si está permitido el disfrute caminando, por lo que en este lugar cientos de personas caminan y se divierten manteniéndose cerca de la carretera hasta retomar su viaje a las playas o las ciudad más importante de la península, Punto Fijo.

En estos viajes investigativos el avanzar se hace muy lento aunque los destinos estén cerca uno del otro ya que mi intención es recopilar la mayor cantidad de fotografías y por parte del copiloto la mayor cantidad de tomas en videos, por esta razón cuando nos fijamos en el reloj ya marcaba horas de la tarde por lo que ya debíamos ir visualizando un lugar para acampar. Me dirigí al centro de la Península para llegar al pueblo que lleva el nombre del único cerro que se puede ver desde cualquier lugar de todo Paraguaná. Una montaña puntiaguda conocida como Cerro Santa Ana con más de cuarenta años de haber sido declara Monumento Natural. A los pies del cerro abundan los arboles de Cují y los chivos de los criadores cercanos, un pequeño camino nos llevó entre lo tupido de la vegetación que con precaución de no romper el forro protector de la carpa con las ramas espinosas hasta llegar a una hacienda de una humilde familia campesina que vive de la cría de sus animales y la siembra.

Su estilo de vida nos llamó la atención y pedimos su permiso para acampar acá cerca de su casa y a los pies del cerro donde tenemos la intención de subir caminando para coronar su cúspide, pero sería las condiciones climáticas de la cima la que nos indicaría cuando emprenderíamos su ascenso, pero mientras tanto dedicamos parte de la tarde para fotografías los alrededores y el pastoreo de los Chivos y Corderos.

Rápidamente la noche ya se había apoderado del lugar como que si habíamos adelantado el reloj y entre la armada del campamento la cena, conversaciones con el guarda parques los lugareños ya el cansancio nos exigía entrar a la carpa para descansar. Nos acostamos pensando la posibilidad de subir al carro al amanecer, lo que haríamos si las condiciones climáticas nos permitían hacer las grabaciones y fotografías.

La nubosidad en la cumbre indicó que debíamos seguir recorriendo los caminos de la península, enlazando cada carretera que comunicara pueblos, caseríos y las playas. Tratar de recorrer cada carretera no es fácil pero cuando ves en el GPS todo el trayecto hecho es gratificante muy a pesar del calor reinante en estas latitudes mientras el día se va levantando.

Entre los lugares que estuvimos se encuentran las Salinas de Las Cumaraguas, grandes extensiones de tierras sin vegetación y caminos de playas que en muchas oportunidades debimos hacer uso de la pala para salir de la atascada. De esta forma avanzamos hasta el punto más al norte que tiene Venezuela. Ya he estado en este lugar en muchas oportunidades y en múltiples viajes y rally, pero en esta ocasión hay una gratificación especial, una especie de orgullo. Había llegado hasta acá ejecutando un estilo de vida aun cuando estaba buscando un objetivo de trabajo, haciendo una recopilación de imágenes para la promoción de los viajes “Overland” al mismo tiempo que doy a conocer un paisaje formidable. Cada minuto del viaje había transcurrido disfrutando cada milésima de centímetro, ha sido más  el tiempo detenido que en marcha, ha sido más el ahora que lo que está por delante y de eso se tratan los viajes Overland. Cuando inicias un recorrido te planteas varios destinos pero no te concentras en la meta, solo disfrutas el camino.

Dejamos el faro y el rompe olas natural del Cabo San Román para dirigirnos al Médano Blanco, una gran duna fuera de la zona protegida donde si es posible conducir entre la arena sin ninguna restricción, solo las que nos impusimos por ser un solo vehículo, sin embargo, quedar atascado fue la orden del día ya que las blandas arenas hicieron una bienvenida especial haciendo que pongamos en práctica todo lo aprendido en manejo sobre arena.

El sol hizo muy bien su trabajo cada vez que bajábamos del carro a sacar la arena para arrancarlo otra vez y seguir avanzando. Por suerte nuestro carro es una camioneta liviana, con bondades de doble tracción y reductora y un motor pequeño de cuatro cilindros pero completamente capaz de avanzar sobre cualquier superficie dejándome bien parado cada vez que ha tenido que acoplar.

Más adelante ya va girando la aguja hacia el Oeste y hacia el Sur hasta que nos encontramos solo rumbo Sur hasta haber recorrido completamente la Península de Paraguná en la ciudad con mucho movimiento por la refinaría de combustible de Punto Fijo.

Ya entrada la tarde, debíamos buscar un lugar para acampar y nos agradaba la idea de regresar nuevamente a los pies del Cerro San Ana, y tomamos la vía principal para no tardarnos entre los senderos. Cuando ya vamos en el estrecho sendero nos detuvo un árbol que había caído, pensamos en trabajar en quitarlo de la vía para llegar a nuestro punto de acampada pero el tamaño es considerablemente grande como para iniciar a cortarlo entre nosotros dos, por esta razón y porque ya la noche había llegado nuevamente decidimos buscar la casa del guarda parques para notificar la caída del árbol y para iniciar la búsqueda de un nuevo lugar para pernoctar.

Viajamos durante la noche hacia los linderos del parque nacional hasta muy cerca de los Médanos donde armamos nuevamente la carpa, tomamos un merecido baño con agua fresca y una cena ligera para descansar e iniciar nuevamente desde la madrugada las sesiones de fotos en entre los caminos de la Troncal 3.

Cerro Santa Ana

Mientras avanzamos en nuestro viaje estuvimos en contacto con viejos amigos que viven en la ciudades de Valencia y Caracas amantes de la aventura también y les hable la idea de subir el Cerro Santa Ana que está ubicado en todo el centro de la Península de Paraguaná, y acudieron al llamado motivados con la caminata. Nos encontramos primero con Alfred y Guillermo y luego unas horas más tarde con Leonardo, cada uno viajero independiente con ideales distintos en sus viajes pero dispuestos a compartir una acampada, una parrilla y un buen trip, y más aun completamente dispuestos a apoyar los proyectos que yo normalmente los invito.

Ya nos encontrábamos con los carros acomodados para acampar preparando la cena donde discutimos los planes de la caminata al cerro. El clima ha dado señales positivas para mi plan de grabar y fotografíar, estando despejado de nubes los últimos dos días. Ya a la cinco de la mañana algunos estábamos despiertos preparando la comida y subir cuento antes. El sol aún no se asomaba en el horizonte por lo que a un par de personas les costó despegarse de las sábanas retrasando el inicio de la caminata hasta las seis pero nada que afectara el recorrido.

El sendero está formado por muchas piedras rodeado de innumerable cantidad de Cactus, en este lugar hay que caminar con cuidado y a un paso suave. Aunque el cerro Santa Ana solo tiene ocho cientos metros de altura, esta formación rocosa tiene muchas sorpresas en su vegetación y su suelo para nosotros y el camino va en ascenso zigzagueante haciendo que pasemos horas caminando. A pesar de su poca altura, al ver la montaña desde cualquier lugar de la península se ve colosal, y al estar en su camino es una forma extraordinaria de visualizar todos los extremos y las costas del pedacito de tierra que conforma Paraguaná.

En letrero en el camino especificó lo que veríamos más adelante, nos encontrábamos en una montaña formada por los caprichos de la naturaleza, cinco pisos bióticos forman la vegetación de esta formación. Todo un misterio de la botánica como una montaña que se encuentra en un lugar semi desértico y está compuesta por cinco tipos de vegetaciones distintas. Comenzando por Xerófilo, uno metros más arriba vegetación Tropofítica con arbustos secos y pequeñas plantas que estoy viendo por primera vez, de pronto nos encontramos dentro de un Bosque Húmedo Tropical, el cuarto piso es un Matorral Antillano y por ultimo antes de llegar a la cúspide un último letrero anuncia que estamos entrando en una vegetación de Pseudo Páramo. Verdaderamente estaba en un Páramo, y tomando en cuenta que todo lo que está alrededor de esta montaña son cujíes, cactus y mucha arena es para no parar la admiración.

Un páramo es un tipo de geografía que solo cuatro países del mundo lo tienen y estos pertenecen a la cordillera andina, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, tiene una vegetación típica que se empieza a ver a partir de los tres mil metros de altura y en eta oportunidad estoy viajando a través de la región Xerófila y de desiertos, con un clima muy duro por la falta de lluvias y fuertes vientos que arrastran arena con su fuerza pero con unas pocas horas de caminata ese fuerte viento está muy frio, incluso llevándose mi gorra a un punto que no puedo rescatar.

Llegar a la cúspide de esta montaña cierra la segunda etapa de este viaje y me llena de mucha alegría haber alcanzado uno de los destinos que había investigado desde los mapas y desde hace años había visto con admiración.

Solo nos resta regresar, ya que no está permitido pernoctar debido a la fragilidad de la naturaleza en este lugar. Un descenso rápido para llegar a las camionetas y llevar a mis nuevos acompañantes  a un nuevo lugar de acampada junto al mar antes de que regresen a sus casa y yo continuara en medio de mi recorrido.

Hasta acá fue la primera y segunda etapa de esta aventura en la búsqueda de todos los medanales de esta región occidental de Venezuela un proyecto patrocinado por importantes empresas del automovilismo, el 4×4 y la aventura entre los que se encuentran: Wix Filters (@wixfiltersve) Carpas Anaconda (@carpasanaconda) Automotor 4×4 Store (@automotor4x4store_vzla) Ventuari 4wd (@ventuari4wd), Louis Vanderviest (@louisvanderviest) Distribuidora Car Ávila – Midland (@midland_venezuela) Taller BR 319 (@br319expeditions) Cinchas Eskeos 4×4 (@eskeos4x4) Primelux Light (@Primeluxlight) Drive Store (@drivestore) siendo cada una de las empresas las que aportaron sus equipos y accesorio para el desarrollo de esta proyecto.

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